domingo, 26 de octubre de 2025

Notas sobre la obra de Nick Srnicek y Alex Williams: el estatus del trabajo y la propiedad privada en el futuro.

 A continuación cito en extenso fragmentos de la obra Inventar el futuro. Postcapitalismo y un mundo sin trabajo de Nick Srnicek y Alex Williams. Luego, marcados con un guion, mis notas y comentarios al respecto. Esta entrada es un copy-paste de mis notas en un documento de Word. La comparto porque no tengo el tiempo de elaborar un texto mejor organizado, pero aquí creo que están algunas de las discusiones que se tendrían que aclarar para exponer mejor y de manera más clara esta agenda política en nuestros círculos y espacios. Espero aportar algo de mínimo valor con mis apuntes.


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Varios economistas han señalado, empero, que la productividad no ha crecido como se esperaría de una revolución de la automatización. Si una máquina reemplaza a la mitad de los trabajadores de una fábrica, la productividad debería duplicarse en caso de que la fábrica produjera el mismo número de bienes. No obstante, lo que en realidad se registró a lo largo de la década pasada fue una amplia desaceleración global en el crecimiento de la productividad y más después de la crisis. Si dejamos de lado el hecho de que la productividad es una cosa tremendamente difícil de medir, creemos que unos cuantos fenómenos pueden ayudar a explicar esta anomalía. En primer lugar, es muy probable que los bajos salarios refrenen la inversión en tecnologías de mejora de la productividad. El acceso a una gran reserva de mano de obra barata significa que las compañías tienen menos incentivos para concentrarse en la inversión de capital. ¿Por qué comprar máquinas nuevas si los trabajadores baratos harán lo mismo por menos dinero? Esto significa que en el esfuerzo por alcanzar la automatización plena, la lucha por salarios más altos en el ámbito global es una tarea complementaria crucial.

-          Srnick y Williams – Inventar el futuro p. 141

 

-      -    Esto quiere decir que los movimientos postrabajo deben atacar 5 frentes distintos: - aumento del salario, automatización a gran escala e industrias públicas nacionales (industria desde el estado)…. De la automatización a gran escala y el aumento del salario se derivan: reducción de la jornada y renta básica universal.

 

-      -    Las industrias públicas nacionales son importantes debido a la división internacional del trabajo

 

-      -    Si se lucha solo por el aumento del salario y la automatización, las empresas extranjeras que usan mano de obra barata en países en vías de desarrollo por medio de mecanismos como la flexibilización y el outsourcing, optarán por la automatización antes que pagar mejores salarios en esos países. Por eso es necesario que cada país cuente con un nivel importante de autonomía en sectores estratégicos. Para evitar las consecuencias de estas estrategias por parte de las grandes compañías, es necesario una política de renta básica universal u otras políticas que subsidien el consumo como protección al desempleo.  

 

-          - El ejemplo de China o de empresas municipales, como el modelo Cleveland, pueden ser ejemplos de posibles alternativas.

 

 

hacer de esta automatización una demanda política, antes que asumir que llegará por necesidad económica (p. 142)

 

-       -   Se pide la automatización como demanda, es decir, porque queremos liberarnos de la jornada laboral y del trabajo en general. No debería de ser a causa de que es una necesidad o imposición del Capital. De hecho, esto ni nos debería preocupar. Incluso la automatización del trabajo agrícola o el de cuidados. Esto haría que si alguien quiere dedicarse a algo en particular, o trabajar el campo, etc., sea por elección y no por necesidad u obligado a que si no trabaja no come. La exposición a estas tareas podría ser incluso meramente educativo y formativo, pero insisto, no por necesidad. Para no depender tampoco completamente de las maquinas. En todo caso, si se necesitara hacer alguna de estas labores en alguna medida, la automatización reduciría la jornada laboral en gran medida, permitiéndonos una verdadera liberación del tiempo de la fábrica, ya que estaríamos expuesto a este durante mucho menos tiempo, incluso con el tiempo podríamos librarnos del mismo completamente. Se trata además de que no vamos a romantizar ningún tipo de actividad pesada y que nos quite demasiado tiempo para desarrollar nuestros gustos o vivir el tiempo de manera distinta, así sea esta actividad pesada bajo el tiempo estandarizado de la fábrica o el tiempo cíclico del campo, etc. No estaríamos atados a ningún tipo de tiempo repetitivo, ni industrial ni mítico o “natural”.

-         - Que “no llegará por necesidad económica” implica también que no se espera que sea una consecuencia lógica del Capitalismo. No porque esto fuera falso, sino porque no es la única consecuencia lógica realmente. En este tipo de motivos de discusión “marxistas” se debe entender que la “necesidad” de las consecuencias lógicas son también consecuencias de la astucia real de la historia, que siempre está abierta y, en cierto grado, indeterminada. Me refiero a que otra consecuencia lógica puede ser que las contradicciones del Capitalismo (una consecuencia “lógica” precisamente de esas contradicciones) lleven a su superación pero no a razón del comunismo, sino de algo peor, simplemente de algo distinto pero de lo que quizás no tendríamos control la mayoría o la amplia clase trabajadora.

 

 

Un último límite de la automatización plena es el valor moral que le damos a ciertas labores, como las de cuidado. Muchos defenderían que estas tareas, incluida la crianza de niños, deben ser llevadas a cabo por seres humanos. Podemos esbozar dos enfoques generales sobre este tipo de labores. Un primer enfoque aceptaría que dicha labor tiene valor moral y debería ser llevada a cabo por seres humanos antes que por máquinas. En una sociedad postrabajo, sin embargo, las labores de cuidado pueden tener un valor aún mayor y alejar a la sociedad de la posición privilegiada que se confiere al trabajo rentable. El tiempo libre que se acumula gracias a la automatización plena también podría facilitar la experimentación con organizaciones domésticas alternativas. Existe una larga historia de experimentos utópicos de los que se puede abrevar para repensar la forma en que nuestras sociedades organizan las labores domésticas, reproductivas y de cuidado. Debe subrayarse que, aun así, todo esto requeriría de un movimiento político para lograrse; un mundo postrabajo puede facilitar el cambio, pero no puede garantizarlo. Un enfoque más radical, empero, argumenta que la automatización de buena parte de estas labores debería ser una meta para el futuro. A decir verdad, el estereotipo de que las mujeres proveen cuidado y desean ese trabajo afectivo por naturaleza suele ser un disfraz pernicioso para su explotación continua, pero ¿y si gran parte de esa labor pudiera eliminarse? Tradicionalmente, el cuidado del hogar es un espacio que ha mostrado poco cambio tecnológico: su naturaleza no remunerada y su falta de normas de productividad no le dan al capitalismo muchos incentivos para invertir en la reducción del trabajo del hogar. Sin embargo, las tareas domésticas, como limpiar la casa y doblar la ropa, por ejemplo, se pueden delegar cada vez más a las máquinas. Las tecnologías de asistencia y la computación afectiva también están avanzando en la automatización de cuidados muy personales y vergonzosos que podrían ser más adecuados para robots impersonales. De manera más especulativa, algunos han argumentado que el dolor y el sufrimiento implicados en el embarazo deberían relegarse al pasado, en lugar de confundirse con lo bello y lo natural. En esta visión, las formas sintéticas de reproducción biológica posibilitarían una igualdad recién descubierta entre los sexos. No juzgaremos aquí qué caminos son mejores sino simplemente los mostraremos como opciones abiertas en un mundo postrabajo. Sea cual fuere el enfoque que se tome, la cuestión es que la mano de obra no quedará inmediata ni enteramente eliminada, sino que más bien se reducirá de forma progresiva. La plena automatización es una demanda utópica que apunta a reducir lo más posible el trabajo necesario (p. 145)

Nick Srnicek, Alex Williams – Inventar el futuro. Postcapitalismo y un mundo sin trabajo

 

Como dice Paul Mattick: «El ocio de los hambrientos, o de los necesitados, no es ocio en absoluto, sino una actividad incesante dirigida a mantenerse vivos o a mejorar su situación». Los subempleados, por ejemplo, tienen mucho tiempo libre, pero carecen de los medios para disfrutarlo. Resulta que el subempleo no es sino un eufemismo para un subsalario. Por ello, una demanda esencial en una sociedad postrabajo es un ingreso básico universal (IBU, por sus siglas en inglés) que otorgue a todos los ciudadanos una cantidad de dinero con la que puedan vivir, sin ningún estudio socioeconómico de por medio (p. 149)

La demanda de un IBU, sin embargo, está sujeta a las fuerzas hegemónicas en pugna. Está tan abierta a la movilización con miras a una distopía libertaria como en pos de una sociedad postrabajo: una ambigüedad que ha conducido a muchos a fusionar equivocadamente ambos polos. Por tanto, para demandar un IBU es preciso articular tres factores que lo doten de sentido: el IBU debe proporcionar una cantidad de ingreso suficiente para vivir; debe ser universal, se le debe proporcionar a todos sin condición alguna, y debe ser un suplemento del Estado de bienestar, antes que un sustituto. El primer punto es bastante obvio: un IBU debe proporcionar un ingreso materialmente adecuado. La cantidad exacta variará entre países y regiones, pero puede calcularse de manera relativamente fácil con los datos existentes. El riesgo sería que, en caso de tasarse demasiado bajo, el IBU se convirtiera en nada más que un subsidio gubernamental para las empresas. Por otra parte, el IBU debe ser universal y proporcionárselo a todos sin condición alguna. Puesto que no habría estudio socioeconómico ni ninguna otra medida requerida para recibir el IBU, éste quedaría exento de la naturaleza disciplinaria del capitalismo de bienestar. Además, un estipendio universal evita la estigmatización de la asistencia, ya que todo el mundo lo recibe. Como argumentamos en el capítulo 4, invocar el «universalismo» también obliga a la continua subversión de cualquier aplicación restringida del ingreso básico (en términos de la condición de los individuos como ciudadanos, inmigrantes o prisioneros). La demanda de universalidad proporciona la base para una lucha continua por expandir el alcance y la escala del ingreso básico. Finalmente, el IBU debe ser un suplemento del Estado de bienestar. El argumento conservador de un ingreso básico —que debe evitarse a toda costa— es que dicho ingreso debería simplemente sustituir al Estado de bienestar mediante la provisión de una suma de dinero para cada individuo. En este escenario, el IBU se convertiría tan sólo en un vector de la creciente mercantilización, transformando los servicios sociales en mercados privados. Más que constituir una aberración del neoliberalismo, no haría sino extender su gesto esencial de creación de nuevos mercados. Por el contrario, nosotros proponemos que el IBU sea un suplemento de un Estado de bienestar revitalizado (p. 150-1)

 

Dependiendo de cómo se presente, el IBU puede granjearse el apoyo de todo el espectro político, desde libertarios, conservadores y anarquistas, hasta marxistas y feministas, entre otros. La potencia de la demanda radica en parte en su ambigüedad, lo que la hace capaz de movilizar un amplio respaldo popular. No obstante, para nuestros propósitos, la importancia del IBU como demanda radica en cuatro factores interrelacionados.

El primer punto que ha de enfatizarse es que la demanda de un IBU es una demanda de transformación política, no sólo económica. A menudo se piensa que el IBU no es más que una forma de redistribución que va de los ricos a los pobres o que sólo es una medida para mantener el crecimiento económico estimulando el consumo. Desde esta perspectiva, el IBU tendría credenciales reformistas impecables y sería poco más que la glorificación de un sistema de impuestos progresivo. Sin embargo, la importancia real de un IBU radica en la forma en que anula la asimetría de poder que existe actualmente entre mano de obra y capital. Como vimos en la discusión sobre poblaciones excedentes, el proletariado se define por estar separado de los medios de producción y subsistencia. El proletariado se ve obligado, por tanto, a venderse en el mercado de trabajo con el fin de obtener el ingreso necesario para sobrevivir. Los más afortunados nos podemos permitir elegir qué trabajo desempeñaremos, pero pocos podemos permitirnos no elegir algún trabajo. Un ingreso básico modifica esta condición, otorgando al proletariado medios de subsistencia que no dependen de la mano de obra. En otras palabras, los trabajadores tienen la opción de escoger entre trabajar o no (en muchos sentidos, si seguimos la economía neoclásica al pie de la letra y hacemos del trabajo algo verdaderamente voluntario). Un IBU, por ende, libera de los aspectos coercitivos del trabajo remunerado, desmercantiliza parcialmente la mano de obra y, de esta manera, transforma la relación política entre mano de obra y capital.

Esta transformación —que hace del trabajo algo voluntario más que coercitivo— tiene varias consecuencias importantes. En primer lugar, incrementa el poder de clase al reducir la debilidad del mercado laboral. Las poblaciones excedentes muestran lo que sucede cuando el mercado laboral es demasiado débil: los salarios caen y los empleadores son libres de denigrar a los trabajadores. Por el contrario, cuando el mercado laboral es estrecho, la mano de obra obtiene una ventaja política. El economista Michał Kalecki reconoció esto hace tiempo, cuando argumentó que ahí residía la explicación de la total resistencia al empleo pleno. Si todo trabajador estuviera empleado, la amenaza de ser despedido perdería su carácter disciplinario: habría empleos más que suficientes esperando a la puerta. Los trabajadores tendrían la ventaja y el capital perdería su poder político. La misma dinámica se sostiene para un ingreso básico: al eliminar la dependencia respecto del trabajo remunerado, los trabajadores asumen el control sobre la cantidad de mano de obra que suministran, lo cual les da un poder significativo en el mercado laboral. El poder de clase también se incrementa de diversas formas. Las huelgas son más fáciles de movilizar, pues los trabajadores ya no deben preocuparse por el descuento de la paga ni por los fondos menguantes de la huelga. La cantidad de tiempo que se pasa trabajando por un salario se modificaría según los propios deseos, y el tiempo libre se pasaría construyendo comunidades e involucrándose en la política. A salvo de las presiones constantes del neoliberalismo, sería posible detenerse y reflexionar. Las ansiedades que rodean el trabajo y el desempleo se reducirían con la red de seguridad de un IBU. Además, la demanda de este ingreso básico combina las necesidades de los empleados, los desempleados, los subempleados, la mano de obra migrante, los trabajadores temporales, los estudiantes y los discapacitados. Con ella, se articula un interés común entre estos grupos y se les proporciona una orientación populista hacia la cual movilizarse.

El segundo aspecto relacionado con el IBU es que transforma la precariedad y el desempleo de un estado de inseguridad en un estado de flexibilidad voluntaria. Con frecuencia se olvida que el impulso inicial a favor de un trabajo flexible provino de los trabajadores, como una forma de demoler la permanencia obligatoria del trabajo fordista tradicional. El carácter repetitivo de un trabajo de nueve a cinco, combinado con el tedio de buena parte del trabajo, difícilmente constituye una expectativa interesante para una carrera laboral de toda la vida. También la demanda de trabajo en el área de cuidados requiere un enfoque flexible, lo cual socava todavía más el atractivo de los trabajos tradicionales. Marx mismo invoca los aspectos liberadores del trabajo flexible en su famosa afirmación según la cual el comunismo «hace de este modo posible que me dedique a una cosa hoy y a otra mañana. Puedo cazar por la mañana, pescar después del mediodía, criar ganado por la tarde y presentar mis propias opiniones críticas después de cenar. Puedo hacer todo eso en función de cómo me sienta, sin tener que convertirme en cazador, pescador, ganadero o crítico». Enfrentado a estos deseos de flexibilidad, el capital los adaptó y los cooptó en una nueva forma de explotación. Hoy, el trabajo flexible se presenta sólo como precariedad e inseguridad, antes que como libertad. El IBU responde a esta generalización de la precariedad y la transforma de un estado temible a un estado de liberación. (p. 151-4)

-      -    Por una parte, esta cita de Marx aporta a la idea de no identificarse (no construir identidad) respecto a la función laboral. El problema es que se puede malinterpretar como el clásico motivo de que “el trabajo es algo esencial en el ser humano”. Más bien entiende las diversas actividades que el humano puede llevar a cabo como un despliegue libre de sus posibilidades. No es una cuestión de esfuerzo o trabajo, sino de posibilidad de despliegue de pasiones. El argumento bajo el cual a la idea de naturalizar el trabajo en el ser humano se contrapone inmediatamente la imagen del ser humano en estado de letargo y sedentarismo, es un mero prejuicio infantil.

-      -    La propuesta de los autores se denomina como post-trabajo. Sin embargo, en muchos aspectos arrastran aun con el cadáver trabajo. Incluso cuando hablan de empoderamiento de la clase trabajadora parecen naturalizar el antagonismo de clase, como si el actual sistema productivo fuera a ser eterno. En otras palabras, esto entra en contradicción con la idea de superar el Capitalismo. Hay aquí no solo un “realismo capitalista” sino un realismo o naturalización del antagonismo de clase (que el antagonismo actual, con las clases actuales, será eterno). En general, cualquier postura que “naturalice” el antagonismo debería ser tomada con pinzas. Esto es muy distinto a la necesidad actual de movilizarse políticamente en torno a un antagonismo de clase.

-     -     Es importante aclarar que esta transformación de la flexibilización de un motivo de precariedad e inseguridad a uno de libertad y voluntad solo es posible si se presuponen ya dos realidades: 1) la automatización completa, 2) un modelo de distribución distinto al del salario (precisamente porque el actual sistema productivo sería superado). Agregaría de manera extra quizás un tercer motivo. Bajo estas circunstancias no estoy muy seguro de que se sostenga la propiedad privada. Al menos, en definitiva, no a la escala actual. Regresaría más bien como motivo talleril, y esto solo en la medida en que no se realice la posibilidad de que cada vez más autonomías comunales más pequeñas cuenten con sus propios medios de producción: talleres, tierras, maquinas, impresoras 3D, cadenas completas de automatización, etc. Aquí estamos hablando, por supuesto, de una forma de “necesidad” lógica de la transformación de los sistemas de producción, más allá de que esto sería además deseable. En el sentido de la astucia de la historia, esta superación puede tomar rumbos mucho más siniestros, en donde lo que actualmente entendemos como “propiedad privada” pase a ser otra forma de poder y propiedad en otro tipo de sistema de producción y organización social. Ni este motivo de “astucia” de la historia es mera especulación (como algunas reflexiones en torno al fantasma del “tecnofeudalismo” indican), ni esta “necesidad lógica” es un mero capricho teórico abstracto. En el fondo está la forma de poder y control específicas que este tipo de propiedad otorgan en la realidad. Esta “necesidad lógica” se convierte en una necesidad política debido a que ese tipo de poder de propiedad se le debe arrebatar al burgues, ya que la concentración de dicho poder siempre puede derivar en cosas peores. Puede dar lugar a formas más represivas y violentas de poder. “El proletariado se define por estar separado de los medios de producción y subsistencia”, como dicen lo autores. Esto es, que aquí hay una diferencia real de capacidad y poder que está definida por el estatus de la propiedad.

-       -   La idea de “una carrera laboral de toda la vida” resulta problemática. Es uno de los aspectos en donde los autores aun arrastran el cadáver trabajo. De nuevo, a esto no se le puede simplemente contraponer la holgazanería de toda la vida. La idea de una “carrera” implica, me parece, un apego a la actual organización del trabajo, en donde debes construir un perfil profesional, tener un CV abultado, etc. En otras condiciones, no habría ningún interés en dicha “carrera laboral”. Habría una suerte de desarrollo de intereses más dispersos (para bien) a lo largo de la vida.

-       -   Un problema con pensar que el IBU representaría en el estado actual de cosas una completa liberación o flexibilización para el trabajador que podría brincar de un trabajo a otro, es que la propiedad privada no está pensada como talleres formativos o de entrenamiento. Muchas empresas integran estos entrenamientos, pero solo bajo el supuesto de la actual dinámica de disciplinamiento que implica el desempleo y la precariedad laboral. En otras palabras, no estarían dispuestas a invertir en el entrenamiento constante y a gran escala como una de sus prioridades si saben que la clase trabajadora está demasiado empoderada y puede simplemente saltar a otro empleo cuando se le antoje, requiriendo a su vez que se sigan entrenando nuevos empleados, etc. Esto no puede ser prioritario para el capitalista porque no implica un aumento de su utilidad.  Se podría pensar en casos como el Teleperformance en donde el entrenamiento o capacitación parecen ya estar completamente integrados en el modelo de negocio, dado que hay una constante rotación por ser uno de esos ejemplos de trabajos basura o trabajos de mierda, ese tipo de trabajos que el Capitalismo ha producido que ciertamente no producen casi nada o nada de valor. Al fin y al cabo, en tanto que trabajo basura, el Teleperformance no es vital para la sociedad y probablemente será ya completamente remplazado con IA, bots y otras formas de automatización burocrática (como ya puede ser percibido). Un caso muy distinto es con trabajos más especializados, por ejemplo, en los sectores tecnológicos que producen esas IA, bots, etc. Estas empresas de tecnología, en cambio, sí se vuelven cada vez más esenciales para la sociedad. Esas áreas especializadas no tienen la capacitación dentro de sus hojas de cálculo, de hecho, funcionan más como cazadoras de grandes talentos, etc. Los pocos ejemplos de capacitación en estas áreas, como programación, vienen de impulsos públicos y en no pocas ocasiones implican la necesidad de retirar dinero del bolsillo del trabajador o amplias temporadas de trabajo no remunerado.

-       -   Este es otro de los problemas que implica el ver a instrumentos como el IBU, como un eterno empoderamiento de la clase trabajadora frente a la eterna posesión de los medios de producción por parte de la clase burguesa en un eterno antagonismo de clase, como si el empoderamiento de la clase trabajadora nunca pudiera retroceder o bien como si la posesión de los medios de producción por parte de los capitalistas nunca pudiera reflejarse en mayor concentración de poder o, en definitiva, como si la pugna de estas dos clases se extendiera hasta el Armagedón y su resolución fuera solamente como conflicto definitivo en el final de los tiempos.

-        -  Parte del modelo post-trabajo que yo imagino implica que, si los roles de trabajo ya no fueran una necesidad, sino una elección, la exposición a estos roles en una etapa educativa de lxs jóvenes sería meramente formativa. Y para aquellos que por interés propio quieran navegar en varias funciones laborales a lo largo de su vida, aportando a la riqueza de todos en sistemas altamente automatizados, esta formación debe seguir estando disponible. Esto solo es posible si la organización de los medios productivos está socializada, si tiene otros fines que no sean los obligados para un modelo de propiedad privada. Cualquier ser humano podría aprender a hacer cualquier cosa con sus propias manos o con una maquinaria rudimentaria y de fácil acceso para no depender en todo contexto, momento o lugar de la gran maquinaría industrial completamente automatizada. Esta dependencia tampoco debería ser el fin de una agenda post-trabajo. Pero para que esto sea así, las fábricas o empresas públicas no deberían tener como su principal motivación la máxima utilidad para la acumulación de su propietario individual o privado (juntas, inversionistas, accionistas, etc.). Esto es, se requiere otro tipo de “propiedad” de estos medios.

-       -   Se puede pensar que el Estado o cualquier otro tipo de ente público o comunal podría “obligar” a los privados a hacer esto. Pero bajo la posesión real de los medios de producción por parte de un privado, esta intención de “obligar” mostraría que el empoderamiento de la clase trabajadora no sería real. Se vuelve un motivo casi circular: ¿cómo podría tener el poder de “obligar” si no tienen los medios de producción? En todo caso, sería necesario para balancear esto y posibilitar realmente esa capacidad de obligar al propietario privado, la existencia de empresas públicas, estatales o comunales. Y si esto fuera así y resultara exitoso, de nuevo vuelve a ponerse en duda siquiera la necesidad o posibilidad de existencia de la propiedad privada, su paulatino abandono, en caso de que esto se haga, por ejemplo, con planes quinquenales.  

-       -   El motivo de una sociedad post-trabajo y el empoderamiento de la clase trabajadora o el motivo del antagonismo de clase resultan redundantes. Sin trabajo enajenado ni salario ¿realmente seguiría siendo válida ya no solo la “identidad” sino la función “proletaria”? La idea de su empoderamiento o de su partidismo eternos en el eterno antagonismo de clase implica un arraigo y un apego a la identidad de “proletario”, como si en el fondo no se quisiera superar el sistema productivo actual. Esta claro que esta consideración es distinta en la agenda política inmediata, pero no si se toma en serio los resultados que se buscan (o se deberían de buscar) a largo plazo con dicha agenda. Esto no solo es un capricho teórico, las consecuencias reales ya las tenemos a la mano, como en el caso de la Unión Soviética que ciertamente no reconstruyó la “identidad” proletaria. Cualquier postura que busque prolongar el antagonismo de clase, ya sea de corte sovietista o bien socialdemócrata, está siendo una versión caricaturizada del motivo de la lucha de clases marxiana en su versión más inflexible y de la ortodoxia partidista del siglo pasado. En el caso socialdemócrata, se está siendo más marxista (en sus recuperaciones menos sofisticadas o menos apegadas realmente a Marx) de lo que se supone que quisiera ser.

-        -  Aquí hace falta especificar un matiz respecto a la “existencia” de la propiedad privada. Su existencia en el futuro no debería estar tanto en discusión, así como no está a discusión que en la modernidad capitalista sobreviven, en los poros de la sociedad, otras formas de propiedad y producción que son “pre-existentes” (lo correcto sería decir que simplemente son distintas). En este punto viene a cuento citar a Marx en los Grundrisse: "En todas las formas de sociedad hay un tipo específico de producción que predomina sobre el resto, cuyas relaciones asignan, con ello, un rango e influencia a los otros. Se trata de una iluminación general que baña todos los otros colores y modifica su particularidad. Es un éter particular que determina la gravedad específica de todos los seres que se han materializado en su interior". Lo que se encuentra aquí implícito es que lo importante de una forma de producción o propiedad no es su “existencia” o “inexistencia”, sino su estatus, el lugar que ocupa en la organización social, la relevancia que toma. Es el estatus actual y general de la propiedad privada lo que se busca superar históricamente. Su existencia no es preocupación porque esta depende más bien de su pertinencia práctica a partir de la evolución misma de la organización de la especie humana. En un hipotético futuro comunista y de formas de propiedad socializadas como forma general (que no exclusiva) de propiedad, podrían sobrevivir casos de propiedad de medios de producción por parte de “privados”, más allá de cómo sobrevivan o pataleen para sobrevivir en un mundo de otro tipo de necesidades y organizaciones. Pero sin salario ¿cómo podría ser considerado en sentido estricto “propiedad privada”? Ni siquiera se requeriría de un gran trabajo de prohibición, que supondría más bien un horizonte de realismo de esta forma de propiedad como la predominante. Si todxs tienen acceso a medios de producción socializados, comunitarios, quienes tengan algo más para ellos mismos, no tendría realmente forma de poder o control sobre el resto, no tomaría la forma de antagonismo en tanto que “clases”. Lo mismo sucede con “el mercado”. Es complicado no pensar que puntos y dinámicas de intercambio aun tendrían que existir en casi cualquier mundo imaginable. Otra cosa muy distinta es que sea la lógica mercantil la que organiza la existencia.

-       -   En todo lo anterior está supuesto que la forma de entender esto no es mediante una dialéctica de una entidad capitalista frente a una cosa externa (a veces bajo la falacia cronológica de que es anterior, preexistente) que se le resiste. Sino una dialéctica interna de la organización humana en donde una forma específica “baña de otros colores” la totalidad de dicha organización. Si el ser humano desaparece, la forma en que la realidad cambia no nos tendría que preocupar demasiado.

-     -     En el proceso de pasar de un mundo como el actual a un mundo post-trabajo, existe la duda en torno a la relación del IBU con la “inflación”. Aunque muchos temores del coco inflacionario han sido demostrados como falsos de forma empírica, se podría reconocer que para un caso tan ambicioso como el planteado aquí esa duda “seguiría abierta”. En caso de que dicho fenómeno tuviera lugar, creo que el progresivo empoderamiento de las empresas públicas o cooperativas, la progresiva reorganización de la tierra, distribución de alimentos, productos y servicios básicos, así como la abundancia a partir de la automatización, etc., estaría cumpliendo la función de proteger a la clase trabajadora de la especulación de los precios. Aunque los empresarios y comerciantes “dieran por contado” el poder de compra otorgado por el IBU para subir los precios, es muy probable que debido a toda la reorganización de la existencia, esto no llevaría a una dinámica sin fin de ajuste del IBU respecto a la inflación, precisamente porque la forma mercantil perdería poco a poco su carácter de predominancia. Probablemente se tendría que replantear qué significaría una política monetaria en este contexto, así como el estatus mismo de la forma “dinero”. La distribución de la nueva riqueza socializada respondería quizás a otro tipo de medios y a otro tipo de relevancia de la “equivalencia mercantil”.

-        -  Por último, todo lo anterior solo es relevante en la medida en que se considera la agenda post-trabajo como la nueva agenda de la izquierda, la única con potencia necesaria para hacer frente a los retos políticos más inmediatos. Todo este rodeo teórico solo tiene sentido a la luz de las urgencias prácticas. Para fines prácticos, la recuperación de las etiquetas como “marxista” o “comunista” me parecen más útiles que nunca. Ayudan a resumir todas las metas políticas aquí planteadas y evita las confusiones que la vergüenza de usar estos términos han ocasionado.

 

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Quizás suba una segunda parte si encuentro más fragmentos interesantes en dicha obra que tiene un carácter más divulgativo y de ideas prácticas para una agenda política inmediata. 



No voltear al pasado. No inventarse un afuera. No apegarse a ninguna identidad, no apegarse a nada. No normalizar o naturalizar nada. Desnaturalizar y desustancializarlo todo. No caer en la fantasía histérica por excelencia de estar manipulados y reprimidos por una totalidad inexorable. La lucha y sus posibilidades están aquí y ahora, en este infierno cuyas flamas derriten y deforman todo. Cualquier redención del pasado viene por añadidura, el tiempo no existe, todo lo que se cambia ahora cambia su tejido mismo.

Aceleracionismo Comunista