A continuación cito en extenso fragmentos de la obra Inventar el futuro. Postcapitalismo y un mundo sin trabajo de Nick Srnicek y Alex Williams. Luego, marcados con un guion, mis notas y comentarios al respecto. Esta entrada es un copy-paste de mis notas en un documento de Word. La comparto porque no tengo el tiempo de elaborar un texto mejor organizado, pero aquí creo que están algunas de las discusiones que se tendrían que aclarar para exponer mejor y de manera más clara esta agenda política en nuestros círculos y espacios. Espero aportar algo de mínimo valor con mis apuntes.
...
Varios economistas han señalado,
empero, que la productividad no ha crecido como se esperaría de una revolución
de la automatización. Si una máquina reemplaza a la mitad de los trabajadores
de una fábrica, la productividad debería duplicarse en caso de que la fábrica
produjera el mismo número de bienes. No obstante, lo que en realidad se
registró a lo largo de la década pasada fue una amplia desaceleración global en
el crecimiento de la productividad y más después de la crisis. Si dejamos de
lado el hecho de que la productividad es una cosa tremendamente difícil de
medir, creemos que unos cuantos fenómenos pueden ayudar a explicar esta
anomalía. En primer lugar,
es muy probable que los bajos salarios refrenen la inversión en tecnologías de
mejora de la productividad. El acceso a una gran reserva de mano de obra barata
significa que las compañías tienen menos incentivos para concentrarse en la
inversión de capital. ¿Por qué comprar máquinas nuevas si los trabajadores
baratos harán lo mismo por menos dinero? Esto significa que en el esfuerzo por
alcanzar la automatización plena, la lucha por salarios más altos en el ámbito
global es una tarea complementaria crucial.
-
Srnick
y Williams – Inventar el futuro p. 141
- - Esto
quiere decir que los movimientos postrabajo deben atacar 5 frentes distintos: -
aumento del salario, automatización a gran escala e industrias públicas
nacionales (industria desde el estado)…. De la automatización a gran escala y
el aumento del salario se derivan: reducción de la jornada y renta básica
universal.
- - Las
industrias públicas nacionales son importantes debido a la división
internacional del trabajo
- - Si
se lucha solo por el aumento del salario y la automatización, las empresas
extranjeras que usan mano de obra barata en países en vías de desarrollo por
medio de mecanismos como la flexibilización y el outsourcing, optarán por la
automatización antes que pagar mejores salarios en esos países. Por eso es
necesario que cada país cuente con un nivel importante de autonomía en sectores
estratégicos. Para evitar las consecuencias de estas estrategias por parte de
las grandes compañías, es necesario una política de renta básica universal u
otras políticas que subsidien el consumo como protección al desempleo.
- - El
ejemplo de China o de empresas municipales, como el modelo Cleveland, pueden ser
ejemplos de posibles alternativas.
hacer de esta automatización una demanda
política, antes que asumir que llegará por necesidad económica (p.
142)
- - Se
pide la automatización como demanda, es decir, porque queremos liberarnos de la
jornada laboral y del trabajo en general. No debería de ser a causa de que es
una necesidad o imposición del Capital. De hecho, esto ni nos debería
preocupar. Incluso la automatización del trabajo agrícola o el de cuidados.
Esto haría que si alguien quiere dedicarse a algo en particular, o trabajar el
campo, etc., sea por elección y no por necesidad u obligado a que si no trabaja
no come. La exposición a estas tareas podría ser incluso meramente educativo y
formativo, pero insisto, no por necesidad. Para no depender tampoco
completamente de las maquinas. En todo caso, si se necesitara hacer alguna de
estas labores en alguna medida, la automatización reduciría la jornada laboral
en gran medida, permitiéndonos una verdadera liberación del tiempo de la
fábrica, ya que estaríamos expuesto a este durante mucho menos tiempo, incluso
con el tiempo podríamos librarnos del mismo completamente. Se trata además de
que no vamos a romantizar ningún tipo de actividad pesada y que nos quite
demasiado tiempo para desarrollar nuestros gustos o vivir el tiempo de manera
distinta, así sea esta actividad pesada bajo el tiempo estandarizado de la
fábrica o el tiempo cíclico del campo, etc. No estaríamos atados a ningún tipo
de tiempo repetitivo, ni industrial ni mítico o “natural”.
- - Que
“no llegará por necesidad económica” implica también que no se espera que sea
una consecuencia lógica del Capitalismo. No porque esto fuera falso, sino
porque no es la única consecuencia lógica realmente. En este tipo de motivos de
discusión “marxistas” se debe entender que la “necesidad” de las consecuencias
lógicas son también consecuencias de la astucia real de la historia, que
siempre está abierta y, en cierto grado, indeterminada. Me refiero a que otra consecuencia
lógica puede ser que las contradicciones del Capitalismo (una consecuencia “lógica”
precisamente de esas contradicciones) lleven a su superación pero no a razón
del comunismo, sino de algo peor, simplemente de algo distinto pero de lo que
quizás no tendríamos control la mayoría o la amplia clase trabajadora.
Un último límite de la automatización
plena es el valor moral que le damos a ciertas labores, como las de cuidado.
Muchos defenderían que estas tareas, incluida la crianza de niños, deben ser llevadas
a cabo por seres humanos. Podemos esbozar dos enfoques generales sobre este
tipo de labores. Un primer enfoque aceptaría que dicha labor tiene valor moral
y debería ser llevada a cabo por seres humanos antes que por máquinas. En una
sociedad postrabajo, sin embargo, las labores de cuidado pueden tener un valor
aún mayor y alejar a la sociedad de la posición privilegiada que se confiere al
trabajo rentable. El tiempo libre que se acumula gracias a la automatización
plena también podría facilitar la experimentación con organizaciones domésticas
alternativas. Existe una larga historia de experimentos utópicos de los que se
puede abrevar para repensar la forma en que nuestras sociedades organizan las
labores domésticas, reproductivas y de cuidado. Debe subrayarse que, aun así,
todo esto requeriría de un movimiento político para lograrse; un mundo
postrabajo puede facilitar el cambio, pero no puede garantizarlo. Un enfoque
más radical, empero, argumenta que la automatización de buena parte de estas
labores debería ser una meta para el futuro. A decir verdad, el estereotipo de
que las mujeres proveen cuidado y desean ese trabajo afectivo por naturaleza
suele ser un disfraz pernicioso para su explotación continua, pero ¿y si gran
parte de esa labor pudiera eliminarse? Tradicionalmente, el cuidado del hogar
es un espacio que ha mostrado poco cambio tecnológico: su naturaleza no
remunerada y su falta de normas de productividad no le dan al capitalismo
muchos incentivos para invertir en la reducción del trabajo del hogar. Sin
embargo, las tareas domésticas, como limpiar la casa y doblar la ropa, por ejemplo,
se pueden delegar cada vez más a las máquinas. Las tecnologías de asistencia y
la computación afectiva también están avanzando en la automatización de
cuidados muy personales y vergonzosos que podrían ser más adecuados para robots
impersonales. De manera más especulativa, algunos han argumentado que el dolor
y el sufrimiento implicados en el embarazo deberían relegarse al pasado, en
lugar de confundirse con lo bello y lo natural. En esta visión, las formas
sintéticas de reproducción biológica posibilitarían una igualdad recién descubierta
entre los sexos. No juzgaremos aquí qué caminos son mejores sino simplemente
los mostraremos como opciones abiertas en un mundo postrabajo. Sea cual fuere
el enfoque que se tome, la cuestión es que la mano de obra no quedará inmediata
ni enteramente eliminada, sino que más bien se reducirá de forma progresiva. La
plena automatización es una demanda utópica que apunta a reducir lo más
posible el trabajo necesario (p. 145)
Nick Srnicek, Alex Williams –
Inventar el futuro. Postcapitalismo y un mundo sin trabajo
Como dice Paul Mattick: «El ocio de
los hambrientos, o de los necesitados, no es ocio en absoluto, sino una
actividad incesante dirigida a mantenerse vivos o a mejorar su situación». Los subempleados,
por ejemplo, tienen mucho tiempo libre, pero carecen de los medios para
disfrutarlo. Resulta que el subempleo no es sino un eufemismo para un
subsalario. Por ello, una demanda esencial en una sociedad postrabajo es un
ingreso básico universal (IBU, por sus siglas en inglés) que otorgue a todos
los ciudadanos una cantidad de dinero con la que puedan vivir, sin ningún
estudio socioeconómico de por medio (p. 149)
La demanda de un IBU, sin embargo,
está sujeta a las fuerzas hegemónicas en pugna. Está tan abierta a la
movilización con miras a una distopía libertaria como en pos de una sociedad
postrabajo: una ambigüedad que ha conducido a muchos a fusionar equivocadamente
ambos polos. Por tanto, para demandar un IBU es preciso articular tres factores que lo
doten de sentido: el IBU debe proporcionar una cantidad de ingreso suficiente para
vivir; debe ser universal, se le debe proporcionar
a todos sin condición alguna, y debe ser un suplemento del Estado de bienestar, antes que un sustituto.
El primer punto es bastante obvio: un IBU debe proporcionar un ingreso
materialmente adecuado. La cantidad exacta variará entre países y regiones,
pero puede calcularse de manera relativamente fácil con los datos existentes.
El riesgo sería que, en caso de tasarse demasiado bajo, el IBU se convirtiera
en nada más que un subsidio gubernamental para las empresas. Por otra parte, el
IBU debe ser universal y proporcionárselo a todos sin condición alguna. Puesto
que no habría estudio socioeconómico ni ninguna otra medida requerida para
recibir el IBU, éste quedaría exento de la naturaleza disciplinaria del
capitalismo de bienestar. Además, un estipendio universal evita la
estigmatización de la asistencia, ya que todo el mundo lo recibe. Como
argumentamos en el capítulo 4, invocar el «universalismo» también obliga a la continua
subversión de cualquier aplicación restringida del ingreso básico (en términos
de la condición de los individuos como ciudadanos, inmigrantes o prisioneros).
La demanda de universalidad proporciona la base para una lucha continua por expandir
el alcance y la escala del ingreso básico. Finalmente, el IBU debe ser un
suplemento del Estado de bienestar. El argumento conservador de un ingreso
básico —que debe evitarse a toda costa— es que dicho ingreso debería
simplemente sustituir al Estado de bienestar mediante la provisión de una suma
de dinero para cada individuo. En este escenario, el IBU se convertiría tan
sólo en un vector de la creciente mercantilización, transformando los servicios
sociales en mercados privados. Más que constituir una aberración del
neoliberalismo, no haría sino extender su gesto esencial de creación de nuevos
mercados. Por el contrario, nosotros proponemos que el IBU sea un suplemento de
un Estado de bienestar revitalizado (p. 150-1)
Dependiendo de cómo se presente, el
IBU puede granjearse el apoyo de todo el espectro político, desde libertarios,
conservadores y anarquistas, hasta marxistas y feministas, entre otros. La
potencia de la demanda radica en parte en su ambigüedad, lo que la hace capaz
de movilizar un amplio respaldo popular. No obstante, para nuestros propósitos,
la importancia del IBU como demanda radica en cuatro factores interrelacionados.
El
primer punto que ha de enfatizarse es que la demanda de un IBU es una demanda
de transformación política, no sólo económica. A menudo se piensa que el IBU no
es más que una forma de redistribución que va de los ricos a los pobres o que
sólo es una medida para mantener el crecimiento económico estimulando el
consumo. Desde esta perspectiva, el IBU tendría credenciales reformistas
impecables y sería poco más que la glorificación de un sistema de impuestos
progresivo. Sin embargo,
la importancia real de un IBU radica en la forma en que anula la asimetría de
poder que existe actualmente entre mano de obra y capital. Como vimos en la discusión
sobre poblaciones excedentes, el proletariado se define por estar separado de los medios de
producción y subsistencia. El proletariado se ve obligado, por tanto, a
venderse en el mercado de trabajo con el fin de obtener el ingreso necesario
para sobrevivir. Los más afortunados nos podemos permitir elegir qué trabajo
desempeñaremos, pero pocos podemos permitirnos no elegir algún trabajo.
Un ingreso básico modifica esta condición, otorgando al proletariado medios de
subsistencia que no dependen de la mano de obra. En otras palabras, los
trabajadores tienen la opción de escoger entre trabajar o no (en muchos
sentidos, si seguimos la economía neoclásica al pie de la letra y hacemos del
trabajo algo verdaderamente voluntario). Un IBU, por ende, libera de los aspectos
coercitivos del trabajo remunerado, desmercantiliza parcialmente la mano de obra y, de esta manera,
transforma la relación política entre mano de obra y capital.
Esta transformación —que hace del
trabajo algo voluntario más que coercitivo— tiene varias consecuencias
importantes. En primer lugar, incrementa el poder de clase al reducir la
debilidad del mercado laboral. Las poblaciones excedentes muestran lo que sucede
cuando el mercado laboral es demasiado débil: los salarios caen y los
empleadores son libres de denigrar a los trabajadores. Por el contrario, cuando
el mercado laboral es estrecho, la mano de obra obtiene una ventaja política.
El economista Michał Kalecki reconoció esto hace tiempo, cuando argumentó que
ahí residía la explicación de la total resistencia al empleo pleno. Si todo trabajador
estuviera empleado, la amenaza de ser despedido perdería su carácter
disciplinario: habría empleos más que suficientes esperando a la puerta. Los
trabajadores tendrían la ventaja y el capital perdería su poder político. La
misma dinámica se sostiene para un ingreso básico: al eliminar la dependencia
respecto del trabajo remunerado, los trabajadores asumen el control sobre la cantidad
de mano de obra que suministran, lo cual les da un poder significativo en el
mercado laboral. El poder de clase también se incrementa de diversas formas.
Las huelgas son más fáciles de movilizar, pues los trabajadores ya no deben
preocuparse por el descuento de la paga ni por los fondos menguantes de la
huelga. La cantidad de tiempo que se pasa trabajando por un salario se modificaría
según los propios deseos, y el tiempo libre se pasaría construyendo comunidades
e involucrándose en la política. A salvo de las presiones constantes del
neoliberalismo, sería posible detenerse y reflexionar. Las ansiedades que
rodean el trabajo y el desempleo se reducirían con la red de seguridad de un
IBU. Además, la demanda de este ingreso básico combina las necesidades de los
empleados, los desempleados, los subempleados, la mano de obra migrante, los
trabajadores temporales, los estudiantes y los discapacitados. Con ella, se
articula un interés común entre estos grupos y se les proporciona una
orientación populista hacia la cual movilizarse.
El segundo aspecto relacionado con el IBU es que transforma la
precariedad y el desempleo de un estado de inseguridad en un estado de
flexibilidad voluntaria. Con frecuencia se olvida que el impulso inicial
a favor de un trabajo flexible provino de los trabajadores, como una forma de
demoler la permanencia obligatoria del trabajo fordista tradicional. El
carácter repetitivo de un trabajo de nueve a cinco, combinado con el tedio de
buena parte del trabajo, difícilmente
constituye una expectativa interesante para una carrera laboral de toda la vida.
También la demanda de trabajo en el área de cuidados requiere un enfoque flexible,
lo cual socava todavía más el atractivo de los trabajos tradicionales. Marx mismo invoca los aspectos
liberadores del trabajo flexible en su famosa afirmación según la cual el
comunismo «hace de este modo posible que me dedique a una cosa hoy y a otra
mañana. Puedo cazar por la mañana, pescar después del mediodía, criar ganado
por la tarde y presentar mis propias opiniones críticas después de cenar. Puedo
hacer todo eso en función de cómo me sienta, sin tener que convertirme en
cazador, pescador, ganadero o crítico». Enfrentado a estos deseos de
flexibilidad, el capital los adaptó y los cooptó en una nueva forma de
explotación. Hoy, el trabajo flexible se presenta sólo como precariedad e
inseguridad, antes que como libertad. El IBU responde a esta generalización de
la precariedad y la transforma de un estado temible a un estado de liberación. (p.
151-4)
- - Por
una parte, esta cita de Marx aporta a la idea de no identificarse (no construir
identidad) respecto a la función laboral. El problema es que se puede
malinterpretar como el clásico motivo de que “el trabajo es algo esencial en el
ser humano”. Más bien entiende las diversas actividades que el humano puede
llevar a cabo como un despliegue libre de sus posibilidades. No es una cuestión
de esfuerzo o trabajo, sino de posibilidad de despliegue de pasiones. El
argumento bajo el cual a la idea de naturalizar el trabajo en el ser humano se
contrapone inmediatamente la imagen del ser humano en estado de letargo y
sedentarismo, es un mero prejuicio infantil.
- - La
propuesta de los autores se denomina como post-trabajo. Sin embargo, en muchos
aspectos arrastran aun con el cadáver trabajo. Incluso cuando hablan de
empoderamiento de la clase trabajadora parecen naturalizar el antagonismo de
clase, como si el actual sistema productivo fuera a ser eterno. En otras
palabras, esto entra en contradicción con la idea de superar el Capitalismo. Hay
aquí no solo un “realismo capitalista” sino un realismo o naturalización del
antagonismo de clase (que el antagonismo actual, con las clases actuales, será
eterno). En general, cualquier postura que “naturalice” el antagonismo debería
ser tomada con pinzas. Esto es muy distinto a la necesidad actual de
movilizarse políticamente en torno a un antagonismo de clase.
- - Es
importante aclarar que esta transformación de la flexibilización de un motivo
de precariedad e inseguridad a uno de libertad y voluntad solo es posible si se
presuponen ya dos realidades: 1) la automatización completa, 2) un modelo de
distribución distinto al del salario (precisamente porque el actual sistema
productivo sería superado). Agregaría de manera extra quizás un tercer motivo.
Bajo estas circunstancias no estoy muy seguro de que se sostenga la propiedad
privada. Al menos, en definitiva, no a la escala actual. Regresaría más bien
como motivo talleril, y esto solo en la medida en que no se realice la
posibilidad de que cada vez más autonomías comunales más pequeñas cuenten con
sus propios medios de producción: talleres, tierras, maquinas, impresoras 3D,
cadenas completas de automatización, etc. Aquí estamos hablando, por supuesto,
de una forma de “necesidad” lógica de la transformación de los sistemas de
producción, más allá de que esto sería además deseable. En el sentido de la astucia
de la historia, esta superación puede tomar rumbos mucho más siniestros, en
donde lo que actualmente entendemos como “propiedad privada” pase a ser otra
forma de poder y propiedad en otro tipo de sistema de producción y organización
social. Ni este motivo de “astucia” de la historia es mera especulación (como
algunas reflexiones en torno al fantasma del “tecnofeudalismo” indican), ni
esta “necesidad lógica” es un mero capricho teórico abstracto. En el fondo está
la forma de poder y control específicas que este tipo de propiedad otorgan en
la realidad. Esta “necesidad lógica” se convierte en una necesidad política
debido a que ese tipo de poder de propiedad se le debe arrebatar al burgues, ya
que la concentración de dicho poder siempre puede derivar en cosas peores.
Puede dar lugar a formas más represivas y violentas de poder. “El proletariado
se define por estar separado de los medios de producción y subsistencia”, como
dicen lo autores. Esto es, que aquí hay una diferencia real de capacidad y
poder que está definida por el estatus de la propiedad.
- - La
idea de “una carrera laboral de toda la vida” resulta problemática. Es uno de
los aspectos en donde los autores aun arrastran el cadáver trabajo. De nuevo, a
esto no se le puede simplemente contraponer la holgazanería de toda la vida. La
idea de una “carrera” implica, me parece, un apego a la actual organización del
trabajo, en donde debes construir un perfil profesional, tener un CV abultado,
etc. En otras condiciones, no habría ningún interés en dicha “carrera laboral”.
Habría una suerte de desarrollo de intereses más dispersos (para bien) a lo
largo de la vida.
- - Un
problema con pensar que el IBU representaría en el estado actual de cosas una
completa liberación o flexibilización para el trabajador que podría brincar de
un trabajo a otro, es que la propiedad privada no está pensada como talleres
formativos o de entrenamiento. Muchas empresas integran estos entrenamientos,
pero solo bajo el supuesto de la actual dinámica de disciplinamiento que
implica el desempleo y la precariedad laboral. En otras palabras, no estarían
dispuestas a invertir en el entrenamiento constante y a gran escala como una de
sus prioridades si saben que la clase trabajadora está demasiado empoderada y
puede simplemente saltar a otro empleo cuando se le antoje, requiriendo a su
vez que se sigan entrenando nuevos empleados, etc. Esto no puede ser
prioritario para el capitalista porque no implica un aumento de su utilidad. Se podría pensar en casos como el
Teleperformance en donde el entrenamiento o capacitación parecen ya estar
completamente integrados en el modelo de negocio, dado que hay una constante
rotación por ser uno de esos ejemplos de trabajos basura o trabajos de mierda,
ese tipo de trabajos que el Capitalismo ha producido que ciertamente no
producen casi nada o nada de valor. Al fin y al cabo, en tanto que trabajo
basura, el Teleperformance no es vital para la sociedad y probablemente será ya
completamente remplazado con IA, bots y otras formas de automatización
burocrática (como ya puede ser percibido). Un caso muy distinto es con trabajos
más especializados, por ejemplo, en los sectores tecnológicos que producen esas
IA, bots, etc. Estas empresas de tecnología, en cambio, sí se vuelven cada vez
más esenciales para la sociedad. Esas áreas especializadas no tienen la
capacitación dentro de sus hojas de cálculo, de hecho, funcionan más como
cazadoras de grandes talentos, etc. Los pocos ejemplos de capacitación en estas
áreas, como programación, vienen de impulsos públicos y en no pocas ocasiones
implican la necesidad de retirar dinero del bolsillo del trabajador o amplias
temporadas de trabajo no remunerado.
- - Este
es otro de los problemas que implica el ver a instrumentos como el IBU, como un
eterno empoderamiento de la clase trabajadora frente a la eterna posesión de
los medios de producción por parte de la clase burguesa en un eterno
antagonismo de clase, como si el empoderamiento de la clase trabajadora nunca
pudiera retroceder o bien como si la posesión de los medios de producción por
parte de los capitalistas nunca pudiera reflejarse en mayor concentración de
poder o, en definitiva, como si la pugna de estas dos clases se extendiera hasta
el Armagedón y su resolución fuera solamente como conflicto definitivo en el
final de los tiempos.
- - Parte
del modelo post-trabajo que yo imagino implica que, si los roles de trabajo ya
no fueran una necesidad, sino una elección, la exposición a estos roles en una
etapa educativa de lxs jóvenes sería meramente formativa. Y para aquellos que
por interés propio quieran navegar en varias funciones laborales a lo largo de
su vida, aportando a la riqueza de todos en sistemas altamente automatizados,
esta formación debe seguir estando disponible. Esto solo es posible si la
organización de los medios productivos está socializada, si tiene otros fines
que no sean los obligados para un modelo de propiedad privada. Cualquier ser
humano podría aprender a hacer cualquier cosa con sus propias manos o con una
maquinaria rudimentaria y de fácil acceso para no depender en todo contexto,
momento o lugar de la gran maquinaría industrial completamente automatizada.
Esta dependencia tampoco debería ser el fin de una agenda post-trabajo. Pero
para que esto sea así, las fábricas o empresas públicas no deberían tener como
su principal motivación la máxima utilidad para la acumulación de su
propietario individual o privado (juntas, inversionistas, accionistas, etc.). Esto
es, se requiere otro tipo de “propiedad” de estos medios.
- - Se
puede pensar que el Estado o cualquier otro tipo de ente público o comunal
podría “obligar” a los privados a hacer esto. Pero bajo la posesión real de los
medios de producción por parte de un privado, esta intención de “obligar”
mostraría que el empoderamiento de la clase trabajadora no sería real. Se
vuelve un motivo casi circular: ¿cómo podría tener el poder de “obligar” si no
tienen los medios de producción? En todo caso, sería necesario para balancear
esto y posibilitar realmente esa capacidad de obligar al propietario privado,
la existencia de empresas públicas, estatales o comunales. Y si esto fuera así
y resultara exitoso, de nuevo vuelve a ponerse en duda siquiera la necesidad o
posibilidad de existencia de la propiedad privada, su paulatino abandono, en
caso de que esto se haga, por ejemplo, con planes quinquenales.
- - El
motivo de una sociedad post-trabajo y el empoderamiento de la clase trabajadora
o el motivo del antagonismo de clase resultan redundantes. Sin trabajo
enajenado ni salario ¿realmente seguiría siendo válida ya no solo la
“identidad” sino la función “proletaria”? La idea de su empoderamiento o de su
partidismo eternos en el eterno antagonismo de clase implica un arraigo y un
apego a la identidad de “proletario”, como si en el fondo no se quisiera
superar el sistema productivo actual. Esta claro que esta consideración es
distinta en la agenda política inmediata, pero no si se toma en serio los
resultados que se buscan (o se deberían de buscar) a largo plazo con dicha
agenda. Esto no solo es un capricho teórico, las consecuencias reales ya las
tenemos a la mano, como en el caso de la Unión Soviética que ciertamente no
reconstruyó la “identidad” proletaria. Cualquier postura que busque prolongar
el antagonismo de clase, ya sea de corte sovietista o bien socialdemócrata,
está siendo una versión caricaturizada del motivo de la lucha de clases
marxiana en su versión más inflexible y de la ortodoxia partidista del siglo
pasado. En el caso socialdemócrata, se está siendo más marxista (en sus
recuperaciones menos sofisticadas o menos apegadas realmente a Marx) de lo que
se supone que quisiera ser.
- - Aquí
hace falta especificar un matiz respecto a la “existencia” de la propiedad
privada. Su existencia en el futuro no debería estar tanto en discusión, así
como no está a discusión que en la modernidad capitalista sobreviven, en los
poros de la sociedad, otras formas de propiedad y producción que son “pre-existentes”
(lo correcto sería decir que simplemente son distintas). En este punto viene a
cuento citar a Marx en los Grundrisse: "En todas las formas de sociedad
hay un tipo específico de producción que predomina sobre el resto, cuyas
relaciones asignan, con ello, un rango e influencia a los otros. Se trata de
una iluminación general que baña todos los otros colores y modifica su
particularidad. Es un éter particular que determina la gravedad específica de
todos los seres que se han materializado en su interior". Lo que se
encuentra aquí implícito es que lo importante de una forma de producción o
propiedad no es su “existencia” o “inexistencia”, sino su estatus, el lugar que
ocupa en la organización social, la relevancia que toma. Es el estatus actual y
general de la propiedad privada lo que se busca superar históricamente. Su
existencia no es preocupación porque esta depende más bien de su pertinencia
práctica a partir de la evolución misma de la organización de la especie
humana. En un hipotético futuro comunista y de formas de propiedad socializadas
como forma general (que no exclusiva) de propiedad, podrían sobrevivir casos de
propiedad de medios de producción por parte de “privados”, más allá de cómo
sobrevivan o pataleen para sobrevivir en un mundo de otro tipo de necesidades y
organizaciones. Pero sin salario ¿cómo podría ser considerado en sentido estricto
“propiedad privada”? Ni siquiera se requeriría de un gran trabajo de
prohibición, que supondría más bien un horizonte de realismo de esta forma de
propiedad como la predominante. Si todxs tienen acceso a medios de producción
socializados, comunitarios, quienes tengan algo más para ellos mismos, no
tendría realmente forma de poder o control sobre el resto, no tomaría la forma
de antagonismo en tanto que “clases”. Lo mismo sucede con “el mercado”. Es
complicado no pensar que puntos y dinámicas de intercambio aun tendrían que existir
en casi cualquier mundo imaginable. Otra cosa muy distinta es que sea la lógica
mercantil la que organiza la existencia.
- - En
todo lo anterior está supuesto que la forma de entender esto no es mediante una
dialéctica de una entidad capitalista frente a una cosa externa (a veces bajo
la falacia cronológica de que es anterior, preexistente) que se le resiste.
Sino una dialéctica interna de la organización humana en donde una forma específica
“baña de otros colores” la totalidad de dicha organización. Si el ser humano
desaparece, la forma en que la realidad cambia no nos tendría que preocupar demasiado.
- - En
el proceso de pasar de un mundo como el actual a un mundo post-trabajo, existe
la duda en torno a la relación del IBU con la “inflación”. Aunque muchos
temores del coco inflacionario han sido demostrados como falsos de forma
empírica, se podría reconocer que para un caso tan ambicioso como el planteado
aquí esa duda “seguiría abierta”. En caso de que dicho fenómeno tuviera lugar,
creo que el progresivo empoderamiento de las empresas públicas o cooperativas, la
progresiva reorganización de la tierra, distribución de alimentos, productos y
servicios básicos, así como la abundancia a partir de la automatización, etc., estaría
cumpliendo la función de proteger a la clase trabajadora de la especulación de
los precios. Aunque los empresarios y comerciantes “dieran por contado” el
poder de compra otorgado por el IBU para subir los precios, es muy probable que
debido a toda la reorganización de la existencia, esto no llevaría a una
dinámica sin fin de ajuste del IBU respecto a la inflación, precisamente porque
la forma mercantil perdería poco a poco su carácter de predominancia. Probablemente
se tendría que replantear qué significaría una política monetaria en este
contexto, así como el estatus mismo de la forma “dinero”. La distribución de la
nueva riqueza socializada respondería quizás a otro tipo de medios y a otro
tipo de relevancia de la “equivalencia mercantil”.
- - Por
último, todo lo anterior solo es relevante en la medida en que se considera la
agenda post-trabajo como la nueva agenda de la izquierda, la única con potencia
necesaria para hacer frente a los retos políticos más inmediatos. Todo este
rodeo teórico solo tiene sentido a la luz de las urgencias prácticas. Para
fines prácticos, la recuperación de las etiquetas como “marxista” o “comunista”
me parecen más útiles que nunca. Ayudan a resumir todas las metas políticas
aquí planteadas y evita las confusiones que la vergüenza de usar estos términos
han ocasionado.
No voltear al pasado. No inventarse
un afuera. No apegarse a ninguna identidad, no apegarse a nada. No normalizar o
naturalizar nada. Desnaturalizar y desustancializarlo todo. No caer en la
fantasía histérica por excelencia de estar manipulados y reprimidos por una
totalidad inexorable. La lucha y sus posibilidades están aquí y ahora, en este
infierno cuyas flamas derriten y deforman todo. Cualquier redención del pasado viene
por añadidura, el tiempo no existe, todo lo que se cambia ahora cambia su tejido
mismo.
Aceleracionismo Comunista